El Hamlet histórico no hubiera sobrevivido en la memoria sin el tratamiento artístico de su leyenda; ese príncipe trágico y poético, noble y cruel, lúcido y loco, bello y terrible, nos da indicios del tamaño de nuestra deuda con el genio de William Shakespeare.
Con seguridad, la figura del príncipe danés no es shakespereana: emerge de una leyenda nórdica de la Alta Edad Media y aparece relacionada en la Historia Dánica por Saxo Grammaticus, erudito danés, en 1514.
Esta es la versión de Leandro Fernández
de Moratín, quien comenzó a traducir la obra directamente del inglés estando en la isla de Wight,
durante un viaje por Gran Bretaña en 1792